¿Por qué elegir Musicoterapia?

Es importante saber que la mayoría de problemas emocionales se manifiestan a través de la conducta, debido a que los niños no tienen recursos para entender y afrontar esas emociones. Por esto desde la musicoterapia buscamos más allá de las conductas para mejorar el comportamiento.

Los niños/as necesitan expresar sus sentimientos y emociones, pero suele resultarles muy difícil hacerlo de forma verbal. En este sentido, el/la musicoterapeuta, a través de la música (escucha musical, canto, o tocando instrumentos musicales), puede facilitarles una vía no verbal para auto-expresarse, exteriorizar, comunicar y proyectar sus emociones. Y esta autoexpresión que surge desde la música lleva con mayor naturalidad hacia otras formas de expresión que nos ayudan a potenciar el vínculo y la comunicación a nivel familiar.

Crear música tanto con la voz como con el cuerpo o con un instrumento también nos permite dar forma a nuestros impulsos, tomar decisiones y empatizar con las emociones y los sentimientos de otras personas y, además, genera autoconfianza y autoestima. Y así poder mejorar el comportamiento a través de la comprensión y expresión de las emociones.

Todo esto es posible gracias a la relación directa entre la música y el cerebro ya que tocar o cantar implican la orquestación de casi todas las regiones del cerebro.

Por último, otra de las ventajas es que en musicoterapia resulta más fácil involucrar y motivar a los niños y niñas, quienes muchas veces son reacios a participar en un proceso terapéutico y realizar cambios en su vida.

Amparo Palanca

Mi nombre es Amparo Palanca Real, músico desde antes de nacer, desde que me cantaron mi primera canción, desde que escuche la primera trompeta… Y desde que sentí lo potente que es la música supe que un simple ritmo es capaz de hacer que te muevas, una melodía obligarte a bailar y su armonía hacerte vibrar. Incluso su silencio puede provocarnos reacciones tan opuestas como hacernos sentir paz o crearnos tensión.

La música nunca nos deja indiferentes.

Con tan solo 5 añitos empecé en la escuela de música de mi pueblo como muchos de los niños de la Comunidad Valenciana, donde no sólo conocí a la música sino también a algunos de mis mejores amigos. Enseguida tuve claro que mi instrumento sería la trompeta, con ese sonido tan brillante, tan vivo, tan valiente, y a veces tan guasón, tan clásico y tan jazzístico… esa versatilidad me conquisto.

La musicoterapia y yo nos conocimos ya de más mayores, cuando me invitaron como oyente a una sesión de musicoterapia con bebés. Desde ese momento, quede totalmente alucinada con lo que tanto la música como los niños eran capaces de lograr.  Quedé fascinada con la comunicación entre los niños, la complicidad que tenían con sus padres y como ese grupo de padres formaban una red de apoyo entre ellos. Y lo más alucinante fue que todo esto lo hacían a través de la música.

De esto hace ya más de 10 años y la musicoterapia no siempre formó parte de mi proyecto de vida, pero al final volvimos a reencontrarnos unos años después cuando estaba a punto de terminar el grado superior de trompeta. En ese momento recordé aquellas sensaciones y al terminar lo tenía claro, era momento de formarme y hacer el máster para poder ser la musicoterapeuta que hoy soy.

La música forma parte de la vida de todos nosotros. Sin darnos cuenta, todos tenemos relación con ella, ya sea escuchándola o interpretándola, cuando vamos en el coche o cuando nos duchamos. Y yo decidí que mi vida siempre estaría ligada a la música y que iba a hacer lo posible por ayudar a los demás a través de la música, tal y como ella siempre hizo conmigo.