Es importante saber que la mayoría de problemas emocionales se manifiestan a través de la conducta, debido a que los niños no tienen recursos para entender y afrontar esas emociones. Por esto desde la musicoterapia buscamos más allá de las conductas para mejorar el comportamiento.
Los niños/as necesitan expresar sus sentimientos y emociones, pero suele resultarles muy difícil hacerlo de forma verbal. En este sentido, el/la musicoterapeuta, a través de la música (escucha musical, canto, o tocando instrumentos musicales), puede facilitarles una vía no verbal para auto-expresarse, exteriorizar, comunicar y proyectar sus emociones. Y esta autoexpresión que surge desde la música lleva con mayor naturalidad hacia otras formas de expresión que nos ayudan a potenciar el vínculo y la comunicación a nivel familiar.
Crear música tanto con la voz como con el cuerpo o con un instrumento también nos permite dar forma a nuestros impulsos, tomar decisiones y empatizar con las emociones y los sentimientos de otras personas y, además, genera autoconfianza y autoestima. Y así poder mejorar el comportamiento a través de la comprensión y expresión de las emociones.
Todo esto es posible gracias a la relación directa entre la música y el cerebro ya que tocar o cantar implican la orquestación de casi todas las regiones del cerebro.

Por último, otra de las ventajas es que en musicoterapia resulta más fácil involucrar y motivar a los niños y niñas, quienes muchas veces son reacios a participar en un proceso terapéutico y realizar cambios en su vida.
