Todo el mundo tiene una relación personal con la música, a casi todos por no decir a todos nos gusta, y prácticamente es una parte esencial en nuestra vida diaria. Tenemos melodías que nos cambian el estado de ánimo y la mayoría de nosotros seríamos capaces de elegir el repertorio de canciones que queremos escuchar cuando nos sentimos de una determinada manera.
La música nos relaja y nos estimula, nos acompaña cuando estamos contentos o tristes, nos remueve las emociones. Aunque la música en sí misma no se puede considerar terapéutica, es el elemento clave empleado en musicoterapia para llevar a cabo un proceso terapéutico que promueva un cambio.
La musicoterapia es una disciplina terapéutica que utiliza la música para mejorar la vida de las personas a través de procesos de prevención, rehabilitación o tratamiento durante los cuales, el/la musicoterapeuta combina técnicas verbales y no verbales para lograr unos objetivos terapéuticos.
En el caso de la musicoterapia dirigida a niños/as con problemas emocionales y de conducta, el/la musicoterapeuta pretende ayudar, a través de la música, tanto a estos niños/as como a sus familias en los momentos más complicados de su desarrollo evolutivo en los que surgen problemas como el control de impulsos, la hiperactividad o la gestión de las emociones durante las rabietas. Los objetivos terapéuticos se adaptan por un lado a las necesidades de los usuarios y a su entorno y por otro, a las etapas de crecimiento, maduración y desarrollo de los pequeños.
Con Somritmes ofrezco un espacio en el que trabajar todos estos objetivos, entre otros, a través de técnicas musicoterapéuticas como el canto, la improvisación, la audición, los juegos musicales o la composición de canciones para mejorar los problemas de comportamiento y acompañar a las familias durante el proceso. Si estáis interesados en conocer más sobre qué es la musicoterapia, el libro “Definiendo la Musicoterapia” de Kenneth Bruscia es un buen punto de partida.
